Domplines, el bollito Cocolo

Publicado en: Bacana (noviembre 2015)

1 Caña-de-azucar¿Qué hubiera sido de la República Dominicana sin la caña de azúcar? ¿Qué sería de nosotros sin esos trapiches, ingenios o el delicioso “romo”?

Por fortuna al célebre almirante Colón, en su segundo viaje al Nuevo Mundo, se le ocurrió cargar en sus bodegas unos esquejes de la preciada y dulce mata. Corría el otoño de 1493 y en el Caribe, la caña, encontró un lugar para crecer y ser feliz.

Sugar Beet Processing At OAO Razgulay Group PlantDesde entonces la caña de azúcar centró la vida y economía dominicana; pintó su paisaje de extensas plantaciones y desarrolló una gastronomía con carácter propio, una cocina tan rica como ecléctica.

Se hace difícil pensar en la cocina criolla sin los melaos o las latigosas canquiñas, sin el guarapo, las raspaduras y todas esas golosinas que pueblan cualquier rincón del país. Pero la caña también fue culpable de una de las influencias más profundas de la culinaria dominicana, la de los Cocolos.

3 cocolosTodo empezó en 1840, cuando una vez abolida la esclavitud y con la caída del precio del azúcar, llegaron a los ingenios dominicanos multitud de inmigrantes de las Antillas Menores. Fueron esos Cocolos con su lengua extranjera, su religión y su diversidad cultural afro-antillana los que aportaron a nuestra cocina nuevos matices, platos e ingredientes. Los famosos yaniqueques, el calalú, el fungi, los conconetes y el guavaberry deben su origen a esas islas vecinas. También el africano molondrón, la yautía o los sazones a base de coco y limón no se consumirían en dominicana sin esa influencia cocola.

Pero una de las aportaciones más características fue la de los humildes domplines; esas masitas de harina, normalmente hervidos, que preparados con bacalao, salami o sardinas picantes hacen las delicias de todo criollo.

6 dumplingsPero la universalidad de los domplines traspasa océanos, continentes, y encontramos preparados de parecida factura en casi todas las culinarias del planeta. Quizás los más cercanos sean los británicos dumplings a base harina con levadura; en Noruega los hacen con papa y los llaman potetbam; por tierras húngaras pueden ser dulces o salados y los denominan galuska , en la India gujhia y en Rusia pelmoni.

Hoy rendimos homenaje a este preparado universal, a esa aportación cocola que conectó la República Dominicana con el mundo. Porque la cocina, como la cultura, no conoce fronteras.

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