Hay tartas de queso densas, cremosas… y luego está el cheesecake japonés.
Ligero, tembloroso y casi etéreo.
Cuando lo sacas del horno se mueve como un soufflé y su textura recuerda más a una nube que a un postre clásico.
Es la demostración perfecta de cómo la pastelería japonesa transforma recetas occidentales con precisión y elegancia.