Si hay un cóctel que es una declaración de carácter, es el Bloody Mary.
Ácido, salino, picante. Más cercano a una receta que a una bebida.
Algunas de las mentes más brillantes del siglo XX lo adoraban.
Hemingway, Capote, Hitchcock o Dalí eran auténticos fans.
No por moda. Por personalidad.