Una Eco-historia

Publicado en: RevistaES del Periódico Hoy (16 junio 2012)

granja ecoSu cabellera morena ondeaba al viento y su tez había adquirido un color dorado donde destacaban, más si cabía, sus penetrantes ojos verdes. Pero no había perdido una pizca de su mirada curiosa, analítica, esa mirada que se sorprendía por todo y expresaba sin palabras la pasión de su corazón.

Hacía mucho tiempo que no había visto a Clara, la última ocasión fue la boda de un compañero de clase. Aquel día destacó por un gracioso sombrero de paja, quizás alardeando de lo que le deparaba el destino o para apoyar el entusiasmo con el que nos desveló su proyecto. Hoy aquella ilusión era una realidad y su granja ecológica la colmaba de deudas, retos y orgullo.

Por fin iba a ser testigo de su satisfacción por cultivar con ancestrales técnicas, respetuosas con el medio ambiente, sin pesticidas ni fertilizantes químicos. En la era de los transgénicos ella optó por lo bio, cambió los vegetales de tamaño descomunal y acerada piel brillante por el maloliente estiércol. Sacrificó la cantidad de la plantación extensiva por la calidad del trabajo artesanal, los blancos plásticos de los invernaderos por un compromiso con las variedades autóctonas, la rotación de los cultivos y el óptimo aprovechamiento de los recursos naturales.

Su granja era espectacular, nada que ver con la imagen de cuatro hippies jugando a campesinos que me había trazado en mi enfermiza mente. El orden en los campos era digno de admirar, renglones de vegetales enfilados con precisión de un tiralíneas delataban el rigor del trabajo. Clara nos mostró exaltada como mantenían franjas de vegetación silvestre entre los diferentes cultivos para defender la fauna útil que ayuda, a las propias matas, a defenderse de las plagas.

granja eco 2Suerte que nadie sacó el tema del alto costo de los productos “bio”, porque nos hubiera desarmado cuestionando cual es el valor de los ciclos naturales, la biodiversidad, el respeto por el medio ambiente. Nos hubiese hablado del sabor del tomate natural, con sus propiedades organolépticas y nutritivas intactas, de la salud del sol, del agua y de los sembrados, del equilibrio entre ellos, de la conservación del patrimonio agrario y paisajístico, de un desarrollo rural sostenible.  De la incongruencia -y el coste- de establecer consejos y comités para certificarlos a ellos cuando nadie rubrica lo muy adulterado que es un producto, o el grado de modificación de sus genes.

Ayer hablé de nuevo con Clara, me alegré de saber que sus deudas van bajando a la vez que aumenta su compromiso con la salud. La salud humana, la salud y el bienestar de los animales y la salud de las plantas, por eso decidí dedicarle este plato. Una receta saludable y transparente como su pacto con el entorno que quiere preservar.

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