Fotografío …… luego existo

Publicado en: RevistaES del Periódico Hoy (13 abril 2013)

fotografia cocinaEntre todos los hábitos que nos han aportado las nuevas tecnologías, quizás el más insólito –sin tener en cuenta la esclavitud de los chats- es el de retratar todo lo que se nos pone a tiro. ¿Cuál es el nombre de este síndrome? ¿Tiene remedio? Quizás vivimos tiempos en los que la imagen –y su consecuente huella en los medios sociales- tiene más valor que la experiencia del momento. Fotografiar y contar al mundo lo que se está comiendo es para muchos parte del ritual en el restaurante; twitteros, instagramers y facebookers lo atestiguan.

Por eso la comunidad gastronómica anda revuelta, está guapa tras la publicación de un amenazador artículo en The New York Times que avisa sobre el creciente enfado de chefs y restauradores con la gente que saca fotos a sus platos. Parece ser que en Estados Unidos el asunto comienza a salirse de madre, cuando turistas, blogers y demás fauna hipster llegan a convertir los restaurantes en sus estudios fotográficos personales. El artículo habla de individuos que instalan trípodes sobre las mesas, usan flash con el mayor descaro o se suben a las sillas para captar un mejor ángulo.

Algunos locales lo llevan de la mejor manera, soportando los caprichos de los fotógrafos gourmet, pero otros (como el local del chef David Chang) han tomado la tajante determinación de prohibir el uso de cámaras para retratar la comida.

La polémica está abierta; algunos argumentan que la toma de fotografías constante impide el verdadero disfrute gastronómico ya que retrasa la toma de contacto con el plato y varía la temperatura de degustación (medida milimetricamente en muchos de los casos). O que es complicado poder construir una velada memorable cuando los flashes se disparan por doquier.

Por otro lado se me hace difícil entender al nivel que hemos llegado en el panorama gastronómico cuando un restaurador, en un ataque de nacismo, dicta lo que sus clientes pueden o no pueden hacer. El tema fotográfico es solo un ejemplo, atrás queda la negativa a adaptarse al punto de cocción del comensal, las instrucciones de consumo de un preparado o la constante interrupción de estirados camareros para explicarte de donde procede el camarón que llena tu plato ¿Se ha perdido en los restaurantes los principios de la auténtica relación comercial?

Para endulzar el debate les dejo hoy esta deliciosa tarta (retrátenla a su gusto). Mientras tanto me quedo con la frase que soltó una amiga en medio de la Patagonia argentina “me niego a vivir tras el cristal de un cámara”.

Si te ha gustado esta receta twittéala, aunque prefiero que me dejes tu comentario

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