Tradiciones Navideñas y el Tronco de Cajuil

Publicado en: RevistaES del Periódico Hoy (15 dic 2012)

¿Que imagen les viene a la cabeza si empiezo a hablar de pasteles en hoja, empanadas de yuca, pierna de cerdo asada, moro de guandules, ensalada rusa o telera? Seguro que a todos nos invade la estampa de la navidad, de la cena de nochebuena.

navidadPero si les pregunto con que postre se termina la familiar cena, la respuesta es mucho más difusa. Como reconozco mis carencias, cuando me embargan estas dudas siempre acudo a mi docta amiga Clara –no dejen de visitar su web site http://www.cocinadominicana.com- que con su amabilidad extrema despeja mis incógnitas y nutre mis lagunas.

Ella me cerciora que, a parte de una buena canasta de frutas y algunas golosinas, no hay un dulce que caracterice la navidad dominicana. No deja de sorprenderme que frente al arraigo de platos salados no halla habido ninguno de nuestros deliciosos dulces que se imponga para la tradicional cena. Como mi intención de hoy era ofrecerles un postre me decidí a buscar uno bien emblemático y entre turrones, puddings y panettones me dejé seducir por la historia del famoso “tronco de navidad”.

Déjenme que les cuente: Dice la ancestral tradición –data del siglo XII- que en la vieja Europa por nochebuena los niños se reunían frente a la chimenea para cantar villancicos y escuchar historias de los más mayores. Como la velada era larga se preparaba un tronco gordo, de madera bien dura para que su llama durara toda la noche y los niños lo engalanaban bellamente con hojas silvestres y cintas de colores. El leño era bendecido con aguardiente y debía ser encendido por el mas viejo y el más joven de la casa. Pasada la noche, cuando el tronco se consumía, sus cenizas eran guardadas como señal de protección del hogar hasta el año siguiente.

Con la aparición de las estufas de hierro fundido -en el siglo XIX- se modificó la costumbre colocando el engalanado tronco, mucho más pequeño, y de forma testimonial en el centro de la mesa, hasta que el pastelero francés Pierre de Lacam se le ocurrió hacer un bizcocho rescatando el motivo.

La Bûche de Noël (si, en francés es femenino) simboliza el arraigo de esa ancestral tradición en forma de postre. En el fondo se trata de un brazo de gitano relleno de una mousse de castañas al que se le da forma de tronco y cubre con un glaseado de chocolate imitando su corteza.

Pero como saben mi debilidad por la “cocina viajada”, esta navidad les propongo hacer un Tronco de Navidad de perfil criollo. Para este travesía hacia el Caribe cambiaremos las castañas del relleno por el más emblemático de nuestros frutos secos, las semillas de cajuil. La otra licencia la aportamos bañando el bizcocho con un almíbar de te negro a la bergamota y ron, que aportará sutileza a la masa, complementará al cacao y vestirá con nuestros colores el legendario tronco.

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