Bocato di Cardinale

Publicado en: RevistaES del Periódico Hoy (10 mayo 2014)

c1Os confesaré una cosa: de todos los calificativos que sirven para definir un plato, mi favorito, el que más me gusta, es la expresión “bocato di cardinale”. Si además se pronuncia pausadamente, con los ojos cerrados y una sonrisa de satisfacción, entonces la frase adquiere connotaciones místicas.

Bocato di cardinale” es algo sabroso, delicado, exclusivo, lo más de lo más, digno de un príncipe de la iglesia. Pero navegando por la red a la busca de más información todo han sido sorpresas.

Para comenzar la expresión no es italiana. Si, tal como lo están leyendo. “Bocato” no es más que una palabreja castellanizada con connotaciones itálicas, en el italiano real un bocado sería “boccone” y el término “boccone di cardinali” no existe, al menos en el sentido que le damos nosotros. Para un italiano “boccono del cardinale” se refiere a una parte muy específica del pollo, la posadera del animalito, al pedacito de carne tierna que está junto al hueso ilión del ave; agudo nombre para para un apéndice que los franceses llaman “sot-l`y laisse” (tonto el que lo deja) ¡Aquí hay material para otro artículo!

c2Pero no nos desviemos del tema porque el “bocato di cardinale” da para mucho. Encontré otra curiosa explicación que atribuía la frase a la gran Claudia Cardinale, bueno a su peluquero. Como en la red de redes cabe todo -anden con ojo- un desalmado afirma con suficiencia que la expresión aparece en los años ochenta, cuando un tal Luca Cagliatty publica un libro con este título y relata sus aventuras al lado de la actriz en los años que le arreglaba los moños. La historia es bien divertida porque no sabemos si lo delicioso era los tentempiés que tomaba la Cardinale o su belleza de madonna. Lástima que el libro no exista ni el autor tampoco porque la historia me gustaba.

c3Pero el cuento que me dejó más cautivado fue como esta expresión ha dado nombre a una de las tartas más fantásticos que existen. Les hablo de la Tarta Cardinal (en mayúsculas), un dulce de crujiente masa de bizcocho y suspiro con un relleno de crema montada (Chantilly). Un postre originario de la villa de Campos en la isla de Mallorca (España) que -pese a su origen rural- ha alcanzado la universalidad de los grandes platos. Un auténtico “bocato di cardinale”.

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