República Dominicana: Tierra de cafés

Publicado en: Bacana (junio 2013)

CAFE-RDPoco se podía imaginar ese pastor de la antigua Abisinia que aquellas bayas que su rebaño de cabras consumía con fruición -y que las ponía tan hiper– no eran otra cosa que granos de café.  Mucho menos pensaría que con el paso de los tiempos esos frutos llegarían a ser tan amados como prohibidos.

Así es, el café ha sido a lo largo de los tiempos víctima de las más absurdas interdicciones. Tras su expansión por la península arábiga, a principios del siglo XVI,  no tan solo fue vedado en La Meca y El Cairo, sino que su consumo acarreaba grandes consecuencias. Quien era descubierto tomando café le propinaban tremenda paliza; aún peor era la recaída, pues una reincidencia “cafetera” suponía que te metieran en una bolsa de cuero y te lanzaran al mar.

En el otro lado del planeta, su efecto vigorizante ocasionó que los protestantes del norte de Europa también lo reprobasen, considerándolo medio diabólico. En 1611 algunos terratenientes alemanes intentaron prohibir su importación. Un siglo duró este veto, hasta que Federico II de Prusia despenalizó su uso pero le grabó un fuerte impuesto.

En Inglaterra pasó más o menos lo mismo, después de la eclosión de las cafeterías en Oxford y Londres, estas se convirtieron en el punto de encuentro de las ideas liberales de filósofos, pensadores y letrados. Carlos II dictaminó el cierre de todos los cafetines, aunque no pudo impedir la profunda reforma del Reino Unido durante el siglo XVII.

En Rusia las penas anti-cafeteras fueron aún más severas llegando a la tortura y mutilación (te cortaban las orejas o la nariz). Cuando la policía zarista encontraba a alguien presa de una crisis nerviosa, lo atribuía al café y sin darse cuenta, el pobre infeliz, se encontraba sin poder oír ni oler.

En la República Dominicana seguramente que más de una revolución se ha fraguado alrededor de una taza de café, pues de algo tiene que servir ser uno de los primeros países en cultivarlo del Nuevo Mundo. Llegado a la isla de manos españolas, fueron las plantaciones más extendidas del país, después de la caña de azúcar. Su esmerado proceso, su cosecha en el punto óptimo de maduración, la controlada fermentación y el secado natural al sol justifican la fama internacional que ha adquirido.

Hoy cambiamos tazas por platos, para realizar un recorrido por las zonas más insignes de la producción cafetera dominicana. Un paseo por las cordilleras del país que fascinaron a poetas y conquistadores.

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