Publicado en: RevistaES del Periódico Hoy (8 junio 2013)
Quizás de todos los vegetales, víveres y matas comestibles la papa sea la que -a lo largo de los tiempos- ha sido adornada con más cuentos y leyendas. Su exótico origen americano no podía hacer más que abonar este terreno y como el ají, el tomate o el maíz se vistieron de un halo de misterio que los convirtió en alimentos tan detestados como deseables.
Ya en su época pre-colombina una vieja fábula contaba como en los andes los hombres cultivadores de la Quinua, dominaron a los pueblos de las sierras altas y, con el fin de dejarlos morir lentamente, les robaban las cosechas. Al borde de la muerte, los pobres hambrientos clamaron al cielo y éste les dejó caer unas semillas redondas y carnosas, eran papas. En la primera cosecha los malvados habitantes de las planicies segaron las matas y se las llevaron sin saber que era bajo tierra donde se encontraba el fantástico manjar.
Quizás lo mismo ocurrió a los incautos españoles, cuando entre oro, perlas y papagayos se llevaron al viejo continente unos buenos sacos de papas. Como curiosidad botánica fueron presentadas al emperador Carlos I, su violacea flor lo sedujo de tal manera que los más insignes jardines sevillanos se llenaron del novedoso tubérculo, aunque su raíz tardó mucho en ser consumida.
La historia se repitió unos siglos más tarde en la ampulosa corte de Versalles. En la Francia de Luis XVI –aunque habían salvado al ejército de más de una hambruna- nadie comía papas , hasta que el farmaceútico Antoine-Auguste Parmentier estudió sus propiedades. Maravillado por el resultado, se presentó en palacio con un ramo de papas el día del aniversario del rey. Nadie imaginó que semejantes flores terminarían adornando el escote de María Antonieta y que la papa empezaría así su momento de gloria.
Desde entonces la cocina clásica ha utilizado el termino “a la Parmentier” para cualquier preparado culinario donde la papa sea protagonista. Mi propuesta de hoy bien la podría haber bautizado así, pues les traigo unas riquísimas papas asadas, especiadas y algo picantes. El contrapunto le daremos con un allioli de almendras; una receta sencilla y deliciosa que llenaría de orgullo al famoso boticario.